La extraña esencia de Dios en nosotros

La extraña esencia de Dios en los que creen en él.   No los que creen que creen y no advierten que están saturados de dudas acerca de lo que dicen creer.  Tampoco me refiero a los que creen que existió, sino a los que se han interesado en conocer y entender lo que él dijo y le creen.   Es lógico que si alguien no conoce ni ha reflexioando en las palabras de Jesús, sus acciones y las enseñanzas que sus apóstoles compartieron luego de aprenderlas de él, aunque crea, no sabe lo que cree y podría estar creyendo lo que otros, con sus particulares intereses, le han llevado a creer.   En este caso, donde creemos que nos va la vida en ello, es cuando más nos conviene ir a la fuente, para creer en la esencia de lo que mana de la fuente de la vida, que es Cristo.

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Creen que piensan que no creen

Escribir acerca del evangelio para los que no creen, es muy similar a escribir un libro para que aprendan algo quienes no leen. No hay problema con los que no saben leer, sino aquellos que saben o se cree que saben leer y no acostumbran hacerlo.

Muchas personas han aprendido a leer y apenas leen los rótulos que encuentran en su camino y de todo buscan «el resumen» para no fatigarse leyendo. No es que sean perezosos como algunos piensan, la verdad, en la mayoría de los casos, es que les cuesta mucho trabajo y cuando terminan de leer una frase ya olvidaron la anterior y de esa forma se les hace muy difícil llevar el hilo de la lectura y sienten como si se hundieran en un mar de letras sin sentido. Sigue leyendo Creen que piensan que no creen

Dios no es un espíritu más

Dudar de la existencia de Dios o rechazarle, no es una causa de la condición de espíritu que Dios tiene, sino de la naturaleza humana que haciendo mal uso de su libertad (libre albedrío), pretende eliminar la figura misma de aquel que le dió la libertad con que cuenta para pensar y creer. Hay quienes «creen» que creer es dejar de «pensar», sin advertir que, la verdad, al ser humano le sería muy conveniente pensar para descubrir que le conviene creer.
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El Cielo y el Infierno ¿Existen?

Dos caminos hay, nos han dicho…

No puedo describir lo que me han enseñado y entiendo como CIELO e INFIERNO, sin estar consciente de la paranoia de algunos que viven aterrados por esas enseñanzas, mientras que otros no dejan de negar y ridiculizar esos conceptos creyéndose en una posición intelectualmente más aceptable que aquellos que han decidido creer en esas «absurdas e improbables» teorías orientadas a atemorizar al ser humano para que no viva «a plenitud» su vida.
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Un cristiano no es mejor que un ateo

Nadie es tan malo que merezca ir al infierno y nadie es tan bueno que merezca ir al cielo.

Resulta que Dios, «como creyéndose Dios», decidió establecer ciertas «reglas de juego» para decidir el destino del ser humano después de su muerte terrenal, pero, el solo hecho de haber «impuesto las reglas» le resulta chocante a muchas personas, que se «indignan» porque, según ellos: «QUIEN ES ESE DIOS PARA ESTABLECER TAN CRUEL CASTIGO», «¿ACASO SE CREE UN DIOS?.   
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Creo… luego, entiendo.

Nadie me puede explicar el evangelio para que lo entienda, sino para que lo crea. Después de haber creído, podré entender lo suficiente para no ser influenciado por aquellos que no creen.

Porque aquel que cree, no se resiste al que no cree por su sola fe, sino por la comprensión del fundamento de su fe. De allí la frustración de aquel que desea manipular al creyente verdadero en Jesucristo, porque no se trata de fanatismo sino de una base para toda su esperanza y una luz que puede abrir el entendimiento.
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