Un cristiano no es mejor que un ateo

Nadie es tan malo que merezca ir al infierno y nadie es tan bueno que merezca ir al cielo.

Resulta que Dios, «como creyéndose Dios», decidió establecer ciertas «reglas de juego» para decidir el destino del ser humano después de su muerte terrenal, pero, el solo hecho de haber «impuesto las reglas» le resulta chocante a muchas personas, que se «indignan» porque, según ellos: «QUIEN ES ESE DIOS PARA ESTABLECER TAN CRUEL CASTIGO», «¿ACASO SE CREE UN DIOS?.   

Creen que todo se trata de un malvado plan para enviar al infierno a «LOS QUE PIENSAN».   Porque para muchos, creer en Dios y obedecerle es «DEJAR DE PENSAR», por eso, sus pensamientos rechazan, repelen y hasta odian ese concepto llamado «DIOS» y proliferan las críticas «intelectuales» a esa intención de sembrar el terror en las personas para que no «disfruten» de hacer lo que les de la gana, cualquier cosa que su conciencia no les cuestione (incluyendo aquellas por las cuales tienen que entablar un prolongado proceso de adormecimiento de su conciencia que se los dice y ellos la acallan creyendo que es un efecto de la intolerancia de la tonta sociedad).  Por lo mismo, llegan a creer que están equivocados los criterios bíblicos para decidir lo que es bueno y lo que es malo, llegando a convencerse de que no es más que una trampa «DE DIOS» para enviar al infierno a los inteligentes, a los que creen comprender «LA MALVADA INTENCION DE DIOS» y, sin darse cuenta, «profesando ser sabios», demuestran que ignoran el mensaje de Dios escrito en la Biblia y creyendo que han simplificado lo complejo, creen que la Biblia dice «LOS BUENOS AL CIELO y LOS MALOS AL INFIERNO», así resumen todo lo que la Biblia diga o pretenda decir.

Están equivocados los que resisten a Dios y su palabra escrita en la Biblia, porque allí no dice lo que creen que dice.   La Biblia deja de ser LEY para los que se humillan ante Dios reconociendo que su entendimiento es limitado y terminan entendiendo cuál es el mensaje verdadero: Un regalo de Dios para quienes le prestan atención y aceptan su invitación.   No es cuestión de malos y buenos, sino de los que quieren y los que no quieren.    Parecen niños alegando por cierto juguete o golosina sin querer escuchar las razones por las que no deberían tener lo que piden, y con urgencia infantil que no les permite esperar, casi gritan: «AQUI Y AHORA», así también las personas quisieran que Dios, en lugar de decir «sus reglas», se callara y les diera lo que quieren: «SIN CONDICIONES NI DILACIONES»

A muchos indignados librepensadores, se les antoja como suficiente evidencia del desacato de Dios, todas aquellas barbaridades cometidas por cierta religión que por antigua o por grande se le cree cristiana, sin tomar en cuenta que no es el tamaño ni la edad lo que validan al cristiano sino sus frutos o conducta.   Pero los que ignoran esos criterios, creyendo que las tradiciones, ritos y dogmas de dicha religión son el reflejo de lo que contiene la Biblia, juzgan equivocadamente al cristianismo, con un ejemplo que les facilita hacer quedar mal a Dios, por eso se sienten seguros de la superioridad de sus razonamientos contra el evangelio, porque toman como referencia una mala muestra y terminan engañándose a sí mismos con la falacia del hombre de paja.   Lo que significa que, en lugar de luchar contra algo real y que se podría defender, luchan con ventaja contra una inerte y ridícula imitación utilizada para engañar, pero en este caso, librándose del engaño, sienten alivio porque no es real, pero en lugar de buscar la versión real por si desean enfrentarla, cual quijotes, entablan franca lucha contra el monigote, seguros de la victoria que celebran anticipadamente porque saben que ganarán…¿y cómo no?.

El evangelio de Jesucristo, para sorpresa de los que se ensañan con él, no es simplemente una ensarta de amenazas contra los malos haciendo contraste con una gran cantidad de regalos y premios para los buenos. El evangelio de Jesucristo no tiene la más mínima relación con las atrocidades del catolicismo y cualquiera que se diga cristiano y no hace lo que en la Biblia se dice como parte de la vida de un cristiano, simple y sencillamente NO ES CRISTIANO (sin trámite o excomulgación requerida) y, para nada, desde ningún punto de vista por inteligente que se pretenda, pueden tomarse esas muestras para cuestionar al evangelio y mucho menos a Dios.

El evangelio de Jesucristo es una solución que Dios preparó para permitirnos recibir algo que no merecemos, siguiendo su estilo de no obligarnos pero advirtiendo cuál es el destino de los que no acepten esa solución por él mismo pagada.

Resulta que Dios estableció: Sin derramamiento de sangre, no hay remisión de pecado; quedando así, comprometida su palabra, tenía que satisfacer su propia condición y para ello, envió a su hijo (envió, envió… no tuvo un hijo con María, sino que envió al que ya existía desde antes, al que es antes de todas las cosas y que en su condición de Dios no necesitó de madre), para dar una opción al alcance de todos, de absolutamente todos, porque para ser salvo del destino «de horror» que muchos creen injusto, el Dios justo nos facilita una opción que no necesitamos merecer ni ganar, simplemente recibir, porque de eso se trata el evangelio, de recibir la invitación de Dios a reconocer que con nuestra libertad no hemos tomado las mejores decisiones y por ello, a los que reconocen esta verdad, a los que aceptan que no tienen mérito para ir al cielo, les da la bienvenida por el sólo hecho de creer en Jesucristo.

Pero este creer tiene sus implicaciones (no obligaciones sino evidencias) que, para confusión de los que no han creído, hace que el creyente se esfuerce por vivir como si procurase merecer aquello que ya se le otorgó sin merecerlo, como una evidencia indispensable de que realmente ha creído.

Pero no es ocasión para que algunos procuren cual inquisidores diabólicos, exigir esas evidencias del que ha creído, sino que, a los que presentan esas evidencias, no con la intención de merecer algo sino como como consecuencia de su agradecimiento y deseo de agradar a su salvador, se les pueda considerar cristianos. Teniendo presente que por su condición de cristianos ningún honor merecen en esta tierra sino la persecusión por parte de aquellos desquiciados que los creen «santurrones hipócritas» que pretenden hacerles quedar como cochinos por su librepensamiento y libresexualidad o brutalidad en diversas manifestaciones, arremeten con cada argumento que suena inteligente para hacer quedar como tarados a aquellos que creen y ellos por su parte creen que por creer son así las cosas, se aferran desesperados de sus ideas creyendo que mientras más convencidos estén con mayor certeza será así como ellos creen, sin advertir que con esa actitud no hacen más que emular lo que critican, la fe inconmovible del verdadero cristiano.

Acusando de fanatismo a los que viven su fe, igualándoles a los populares idólatras, no se dan cuenta que cuestionan algo que no conocen y por lo mismo no pueden entender.

Publicado por

Evangelio

Creo en Jesucristo como único y suficiente salvador.

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