La extraña esencia de Dios en nosotros

La extraña esencia de Dios en los que creen en él.   No los que creen que creen y no advierten que están saturados de dudas acerca de lo que dicen creer.  Tampoco me refiero a los que creen que existió, sino a los que se han interesado en conocer y entender lo que él dijo y le creen.   Es lógico que si alguien no conoce ni ha reflexioando en las palabras de Jesús, sus acciones y las enseñanzas que sus apóstoles compartieron luego de aprenderlas de él, aunque crea, no sabe lo que cree y podría estar creyendo lo que otros, con sus particulares intereses, le han llevado a creer.   En este caso, donde creemos que nos va la vida en ello, es cuando más nos conviene ir a la fuente, para creer en la esencia de lo que mana de la fuente de la vida, que es Cristo.

No se trata entonces de creer en lo que otros dicen creer o en creer que se debe hacer lo que hacen otros que dicen creer, sin discernir en qué están creyendo esos otros. Ni conviene creer lo que otros creen, sólo porque es algo creíble.

Por ejemplo, si usted cree que un ateo pelea con Dios, o no ha comprendido usted que ese no está en sus cabales, porque pleitea con lo que afirma que no existe, aunque puede que le diga que él cuestiona eso porque «es inteligente» y puede ver que la gente es tonta porque cree en cosas que no puede probar su existencia, dando con eso, la evidencia de que cree saber lo que significa creer, pero no sabe que creer que existe un vaso que tenés en la mano, no es creer, es saber, entonces que sepa que creer es una decisión que no puede entender, pero no crea que por no entender el creer, es más inteligente que el que lo ha decidido hacer.

Cuando utilizo la palabra «extraña», en el título de este  para los que han acumulado mucho conocimiento y han considerado nuestra fe como una alternativa para aquellos que prefieren evadir el esfuerzo de adquirir conocimiento.  Pensar y aprender para entender no es una nueva alternativa, ni es algo que deba menospreciarse.  Lo triste surge cuando aquellos que piensan y aprenden para entender, reconociendo que hay un límite para la razón, creen que el juego consiste en mantenerse pensando y entendiendo nuevas cosas como única alternativa para ser mejor y desprecian, porque creen que se convertirá en un obstáculo para su propósito, considerar otra forma de enteder diferente a sus dos únicos medios.  Se consideran de mente abierta, porque «no se limitan a creer lo que otros creen», sino que adquieren conocimiento  advertir que

— continuará-

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Evangelio

Creo en Jesucristo como único y suficiente salvador.

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